miércoles, 13 de marzo de 2013

YOGA: VIAJE AL CENTRO DE LA VIDA

La instructora Yayasana Martínez en acción
Antes de que el lector suponga que voy a soltar la aburridora hablando de mí misma, aclaro que si incluyo mi experiencia es sólo como apoyo, porque me ha resultado difícil expresar en palabras el proceso tan abstracto y sensorial que pretendo exponer, y porque pienso que tal vez alguien se identifique, o se sienta animad@ a iniciar su propia práctica de yoga. Y porque me dieron ganas, qué demonios.


Aunque nuestra instructora Yayasana Martínez nos recalca que el yoga es un camino personal, debo decir que, por lo menos en mi caso, ella misma y mis compañeras han sido una pieza fundamental. Mirar el avance de los demás es un aliciente, cuando estamos libres del sentido de la competencia que es, creo yo, el peor lastre de nuestra sociedad  (y es a lo que se refiere Yaya al decir que no estemos pendientes de la persona de al lado), y mis compañeras, en especial las de edad avanzada, son poseedoras de un ánimo, sabiduría y poder que me han hecho cambiar mi forma de percibir el universo de las posibilidades.

Quería encontrar un símil adecuado, y al imaginar eso que yo percibo como un viaje, no lo vi lineal, sino, como en la obra de Julio Verne, Viaje al Centro de la Tierra, lo puedo definir como una sucesión de capas en las que el individuo cava progresivamente, hasta llegar a un núcleo efervescente que siempre estuvo allí, en la médula del planeta explorado: su propio ser.

Corteza: Cuerpo


Lo confieso: en un principio sólo me acerqué al yoga porque necesito mantenerme en constante entrenamiento físico. Estaba allí por la forma, en la ignorancia, porque tenía una noción superficial de lo que se trataba el contenido, conceptos sueltos como “paz mental”, “relajación” y la idea ambigua de que se trataba de una filosofía, lo cual mis tías católicas ven con recelo, o incluso como algo diabólico, lo cual me parece irrisorio, pero no más que el hecho de suponer que encontraría la iluminación mística a través de mis estiramientos matutinos.

Con ese antecedente, mis metas eran mantenerme en forma y superar la falta de flexibilidad que me hizo sufrir en ballet y visitar el infierno en clase de acrobacia. Así es, a mí también me parecen objetivos mezquinos e insignificantes ahora, pero estaba en otro momento de la vida.

En principio, seguí dudando de lo que había escuchado, porque, como estudiante, lo primero que se descubre es que la cosa no es tan calmada como parece, incluso en una clase multinivel, y que aquel que dijo que una va al yoga sólo a “relajarse” es porque nunca en su vida ha hecho una sola postura (Asana). La realidad es que se necesita fuerza, concentración, y aún más allá, estado de alerta, resistencia, especialmente para la permanencia de asanas que a simple vista parecen sencillas, y vencer el miedo a romperse los dientes o el trasero, como en los parados de manos o de cabeza.

No obstante, acompañar el movimiento con la respiración crea una armonía inevitable, incluso en términos musicales, que tarde o temprano se alinea a otros niveles. Sin que me diera cuenta, el yoga se empezó a filtrar desde mi piel y mis músculos al resto del cuerpo, y de pronto noté que sanaba más rápida y efectivamente de enfermedades y lesiones, pero en eso, más que las posturas en sí, comenzó a entrar en juego la mente, y lo que la ciencia llama cuerpo electromagnético, y el hinduismo siempre reconoció como chacras.

Manto superior: Mente.


La sanación física y relajación de órganos internos se logra a través de los ejercicios terapéuticos y la respiración correcta, pero en un porcentaje menor a lo que cabría suponer. Durante la concentración final en postura de cadáver (Savasana), mi instructora nos asegura que la simple acción de pensar en la parte enferma envía calor a la zona de inmediato, lo cual es  perceptible antes de que ella termine la frase.

Y precisamente de algo tan patente, llega el entendimiento de que se puede sanar más que un tirón o una gripa, y se trasciende por fin a esa parte que al principio sonaba inverosímil. Hay cosas que no son físicas, pero duelen, como traumas, emociones y actitudes negativas que son peores que una enfermedad, porque no sólo nos hacemos daño a nosotros mismos, sino a otras personas que no tienen nada que ver con lo que nos aflige. El origen de todo eso no está en el pasado, ni en quienes nos dañaron, sino en los pensamientos y creencias que seguimos cargando a diario, y que engendran nuestro conjunto de emociones.

Manto: Emociones


En el video que incluyo en este post, que es la primera parte de un documental sobre un proyecto de yoga en las cárceles en el que participa mi instructora, se demuestra a qué grado llega el trabajo personal y el control de emociones en esta disciplina. En este material podemos escuchar testimonios extremos de hombres a los que les pasaron cosas realmente espeluznantes, ante las cuales reaccionaron de la peor manera posible, y aun así con sus clases de yoga han encontrado una esperanza, y algunos de ellos pueden hasta desarrollar su lado más luminoso.


En una escala mucho menor a la de un criminal, desde luego, tod@s tenemos historias de injusticias y pérdidas, y cosas de las que no nos sentimos orgullos@s, pero si esas personas que siempre hemos considerado perdidas pueden llegar a superar los horrores que vivieron, y no volver a infligir dolor a nadie, creo que tod@s podemos.

Hay varios conceptos que ayudan, pero el que me parece fundamental es Ahimsa, que significa No Violencia, y se aplica en las Asanas como no ir más allá de los límites físicos, y así no violentar tu cuerpo, pero que obviamente se refiere a no ejercer la violencia en ningún momento.

Hacer una postura complicada de esas que vemos todo el tiempo por aquí en el internet no sirve para presumirle a los amigos, sino que el llegar allí es el símbolo de haber logrado eso que nos parecía imposible, pero progresivamente y sin forzarlo, y podría seguir al infinito encontrando símbolos aplicables a la vida diaria en cada postura y secuencia...

Núcleo: Espíritu


Esto sí es imposible definirlo. Es un momento demasiado íntimo, y cada persona sabrá cuando logra llegar hasta aquí. Lo único que puedo contar es que descubrir esta fuerza ha sido para mí, no el final del viaje, sino el verdadero punto de partida.  

4 comentarios:

  1. Me encanta como lo cuentas, preciosa!!!

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    1. ¡Muchas gracias amigo! Me dio mucha emoción tu comentario porque es el primero en el blog. Te mando un gran abrazo y espero que te encuentres muy bien.

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  2. Recíen he podido abrir tu blog Vane, no tenía internet decente (salvo el muuuy censurado de mi oficina) desde hace como año y medio, he empezado a hacer yoga con un poco más de constancia y la verdad si es una maravilla, después nos contamos como nos sigue yendo en esta práctica que a mi siempre me ha encantado pero no había encontrado los medios o el espacio para hacerlo y estoy descubriendo esa experiencia, concuerdo con tus letras al respecto, un abrazo! :)

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    1. ¡Muchas gracias por leer! Así es, el yoga para mí fue una enorme bendición, y ya compartiremos más. Un gran abrazo de vuelta.

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